Las plataformas de apuestas empieza a reflejar probabilidades elevadas de que pueda salir de la Casa Blanca antes de tiempo. En Polymarket, el 12% cree que Trump podría ser destituido antes de finalizar 2026, pero esta probabilidad aumenta al 69% cuando se trata de apostar por si Trump será inhabilitado antes de finalizar la legislatura. La plataforma rival Kalshi sitúa la probabilidad de impeachment en el 13% en 2026, y al 71% en 2027.
En una encuesta realizada por Lake Research Partners entre el 26 y el 30 de marzo, el 55% de los votantes independientes apoyarían la destitución de Donald Trump de la presidencia de los EE.UU. Entre los demócratas, este porcentaje se incrementa hasa el 84%, mientras que entre los republicanos se sitúa en tan sólo el 14%. Con un margen de error del +/-3.5%, esta encuesta muestra una corriente cada vez más amplia entre el electorado, en lo que podría suponer la primera ocasión en la historia de la democracia norteamericana que un presidente fuera destituido en contra de su voluntad.
EL POST QUE REBOSÓ EL VASO
Este fin de semana, nos hacíamos eco del mensaje dirigido por el Presidente Trump a Irán. Tanto por su forma como por el fondo ha desatado todo tipo de comentarios y análisis.
“El martes será el Día de las Centrales Eléctricas, y el Día de los Puentes, todo en uno, en Irán. ¡¡¡No habrá nada igual!!! ¡Abrid el puto estrecho, malditos locos, o viviréis en el Infierno - ¡YA LO VERÉIS! Alabado sea Alá. Presidente DONALD J. TRUMP”
Funcionarios iraníes, a través de un comunicado publicado por la Embajada de Irán en Tailandia, no tardaron en reaccionar:
"Entendemos que son un imperio sanguinario en decadencia, pero no tienen por qué demostrar su inferioridad con este lenguaje. Alá es mucho más grande como para que su boca impura lo use. Vayan a arruinar más empresas y no vuelvan jamás a la política internacional"
El máximo comandante militar de Irán advirtió que "se abrirían las puertas del infierno" si Estados Unidos e Israel llevaban a cabo ataques contra la infraestructura energética de la república islámica.
“Apuntaremos sin restricciones a toda la infraestructura utilizada por el ejército terrorista de Estados Unidos, así como a la infraestructura del régimen sionista, con ataques devastadores y continuos” (Ali Abdollahi, General de División)
Las reacciones de la clase política norteamericana también fueron inmediatas, cubriendo todo el arco parlamentario.





DOS CAMINOS CON UNA MISMA META
Donald Trump es el único presidente de la historia de EE.UU. que se ha enfrentado (y superado) dos procesos de impeachment durante su primer mandato, pero puede que no sea la última vez.
El impeachment y la Sección 4 de la 25ª Enmienda a la Constitución son procedimientos esencialmente distintos pero que, en caso de materializarse, producen efectos similares: la destitución del presidente en contra de su voluntad.
Por un lado, el impeachment, es un proceso puramente político. Parte de una primera fase de investigación de posibles delitos o situaciones de abuso de poder a través de Comités en el Congreso, que continúa con la votación en la Cámara de Representantes. En caso de obtener mayoría simple, el presidente queda oficialmente acusado (impeached), pero será el Senado en una fase posterior quien, en caso de obtener una mayoría cualificada de dos tercios, podrá condenar al presidente, provocando su destitución inmediata, así como una posible inhabilitación para ejercer funciones públicas en el futuro.
Sin embargo, la 25ª Enmienda, ratificada tras el magnicidio de John F. Kennedy, tiene una naturaleza puramente técnica, buscando dar una solución en el caso de que un presidente no pueda ejercer sus funciones por incapacidad física o mental. Esta enmienda consta de cuatro secciones. La primera de ellas, establece que, en caso de que el presidente fallezca, dimita voluntariamente, o sea destituido —como en un proceso de impeachment—, es el vicepresidente quien tomará el cargo de presidente; la segunda sección establece que, si el cargo de vicepresidente estuviese vacante, será el presidente quien designe a uno con la aprobación posterior por mayoría del Congreso; la tercera sección indica que el presidente es quien puede transferir voluntariamente (de forma temporal o definitiva) el poder al vicepresidente en caso de incapacidad u otras circunstancias, notificándolo previamente al Congreso; por último, la cuarta sección es la que permite al vicepresidente y a la mayoría del gabinete declarar que el presidente está incapacitado para desempeñar las funciones de su cargo. Para que prospere la Sección 4ª se requiere por parte del Congreso con mayoría cualificada de dos tercios.
Con las elecciones de medio término a unos pocos meses de distancia y con tanto en juego, parece poco oportuno y, por tanto, poco probable que la Sección 4 vaya a invocarse ahora. Sin embargo, es el propio Donald Trump quien reconocía esta misma semana que, en caso de perder las elecciones programadas para el martes 3 de noviembre, buscarían destituirle del cargo.
Estemos o no ante un gabinete más dividido de lo que deja ver la escenificación política, la pregunta que quizá debamos hacernos es: ¿en qué cambiaría la agenda política doméstica e internacional del ejecutivo si no estuviese Trump en la presidencia?